Fotografías familiares, cuadros de artistas destacados y esculturas de artesanos, recuerdos, regalos, plumas, bolígrafos, libros y más libros. Desde hace unos meses se puede visitar la casa que José Saramago compartió en Lanzarote con su mujer Pilar del Río desde 1993 hasta su muerte, en junio de 2010. “A casa”, como él mismo la denominaba, llama la atención por su sencillez y sus reducidas dimensiones. Un hogar que podría ser el de cualquiera pero que era habitado por un Premio Nobel de Literatura autoexiliado en Lanzarote en protesta porque el gobierno portugués impidió que se presentara con la novela “El evangelio según Jesucristo” al Premio Literario Europeo. Y en este hogar, entrañable, escueto, silencioso, tranquilo, inspirador, escribió Saramago la que es, para mí, su mejor novela: “Ensayo sobre la ceguera”, un tremendo puñetazo en el estómago del lector que la lee hipnotizado y acongojado al mismo tiempo, quizá porque se presiente que debajo de la ficción hay mucha realidad y ésta es insportablemente repugnante y dolorosa.
En la terraza te ofrecen un café solo, intenso, y da gusto tomárselo tranquilamente sentado al sol mientras se contempla el mismo jardín con el que disfrutaría tan a menudo el Nobel. Se respira paz. Y es curioso porque sus novelas son, sobre todo, belicosas. Belicosas con el Poder, con la Iglesia, con los políticos, con la burocracia, con la ignorancia, con la estulticia que es un mal tan extendido. Bueno, si hay que luchar desde algún sitio, éste, seguramente, es el mejor.
Ahí se acaba la casa, el hogar, pero todavía queda la visita a su biblioteca, en un edificio adyacente a escaso metros del jardín. Miles de libros bien ordenados y catalogados que pueden ser consultados por investigadores y personas interesadas. Diferentes ediciones de sus obras en más de 20 idiomas, las obras que le han inspirado así como las que él ha protagonizado en forma de tesis y ensayos.
Una casa museo que hace que la visita a Lanzarote merezca más que nunca la pena.
